
La sal, además de ser esencial para el buen funcionamiento de nuestro organismo, tiene una serie de propiedades que, por sí misma, puede constituir un tratamiento de belleza para nuestra piel, tanto ayudando a mejorar su aspecto externo como contribuyendo a disminuir la flacidez de los tejidos.
Esta disminución de la flaccidez se debe a que, cuando nos la aplicamos sobre la piel, favorece el drenaje linfático de los tejidos, eliminando así toxinas, grasa localizada y líquidos retenidos. Con ello, conseguiremos una piel mucho más suave al tacto, disminuiremos volumen y la piel estará más luminosa y rejuvenecida, ya que la eliminación de las toxinas aumenta la oxigenación de los tejidos. Para lograr este efecto, tendremos que aplicarnos la sal sobre la piel siempre con un masaje circular que permita estimular esta función.




























































