
A diario nos utilizamos varios tipos de cremas en distintas ocasiones: antiarrugas, hidratante, limpiadora, bronceadora, con protector solar… por la mañana al levantarnos, por la noche al acostarnos… se ha convertido en un gesto tan cotidiano y habitual para nosotras que pocas veces reparamos en la forma en que lo hacemos. Sin embargo, la manera en la que nos las aplicamos tiene gran importancia, ya que de ella depende que no nos aparezcan más arrugas en el rostro o que no se marquen más las que ya tenemos o que el producto actúe eficazmente.
Los pasos que debemos dar para aplicarlas correctamente son los siguientes:
Después de haberte limpiado el cutis, lávate de nuevo las manos y sécatelas bien. Coge una pequeña cantidad de crema y ponla en la palma de la mano. Frota las manos suavemente, para conseguir que la crema adquiera tu temperatura corporal y después aplícatela en la cara.
No debes estirar nunca la piel de la cara al hacerlo, sobre todo en la zona de las sienes, pero los movimientos para aplicarla deben ser siempre ascendentes.
