Después de las Navidades, con la llegada del nuevo año, una de las propuestas que solemos hacernos es bajar esos kilos de más que hemos cogido a lo largo del invierno y hemos rematado con las comidas festivas. Normalmente son unos pocos kilos y, para librarnos de ellos, a veces caemos en la tenación de seguir una dieta que nos promete una gran pérdida de peso en poco tiempo y sin esfuerzo.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que estas dietas pueden producir serios daños en nuestra salud:
Estas dietas implican rápidas oscilaciones de peso. Estos cambios pueden afectar tanto al corazón como a otros órganos internos, que no están preparados para adaptarse a dichos cambios en nuestra masa corporal. Por otro lado, el efecto yo-yo producido por estas dietas puede llevar a un gran aumento de peso una vez que las abandonamos.
En las dietas rápidas, el peso que se pierde no es grasa, sino agua y masa muscular, con lo cual deshidrataremos nuestros cuerpo y debilitaremos nuestros músculos y, como consecuencia, nuestros huesos, aumentando el riesgo de lesiones.
Otro peligro que se presenta es el de la malnutrición, ya que muchas de estas dietas se basan en comer tan sólo un alimento o un determinado grupo de alimentos; debido a ello nuestro cuerpo no recibe todos los nutrientes esenciales que necesita, pudiendo llevar a estados carenciales de oligoelementos esenciales para nuestro organismo.
Y quizá el mayor peligro que conllevan estas dietas es que pueden conducir a desórdenes alimenticios muy graves. Existen dietas rápidas que prácticamente restringen la toma de alimentos a caldos, zumos y alimentos extremadamente ligeros, lo que puede desembocar en una anorexia nerviosa o en bulimia.


























































