Parches reductores y anticelulíticos


Los parches cosméticos son el resultado de la unión de la tecnología y la belleza. Gracias a ellos podemos evitar el sobrepeso, luchar contra la celulitis o reducir la retención de líquidos, con la ventaja de que su modo de empleo es muy sencillo y ofrecen resultados visibles en poco tiempo.

La idea de los parches dérmicos nació, aunque parezca sorprendente, en la NASA. Los científicos los desarrollaron para evitar que los astronautas tomaran pastillas para el mareo. Posteriormente, la industria farmacéutica se fijó en ellos y a partir de los años 70 nacieron los primeros parches transdérmicos para aplicaciones tan variadas como la terapia hormonal sustitoria para mitigar los efectos de la menopausia, los parches para dejar de fumar o, en medicina, entre otros, los parches para combatir el dolor o la osteoporosis.

Existen tres grandes líneas de parches según dónde se distribuyan: los que se adquieren en farmaccias, los que se adquieren en perfumerías y una línea específica que aplica exclusivamente en los centros de estética y que por regla general se continúa en casa.

Los principios activos de las fórmulas reductoras y anticelulíticas contienen ingredientes como la L-Carnitina, que ayuda a quemar grasas, la cafeíana, que combate las acumulaciones de agua y líquidos, el Fucus Vesiculosus, que estimula la circulación y la eliminación de las grasas o la hiedra, que tiene un gran poder drenante.

Normalmente hay que adherir un parche cada día, a la misma hora y en una zona distinta del cuerpo cada vez. La piel donde pongamos el parche debe estar seca y limpia para favorecer la penetración de las sustancias activas. Para utilizarlos, sólo hay que pegarlos a la piel y presionar durante unos segundos para conseguir que se adhieran perfectamente.

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