Cómo ser más elegante


Muchas mujeres tienen la impresión de que para ser elegantes necesitan llevar un vestuario muy caro acompañado de unos zapatos igualmente caros y que de ellos depende la elegancia. Es indudable que el vestuario, los zapatos y los complementos pueden ayudarnos a ser más distinguidas, pero no debemos olvidar que la elegancia no tiene nada que ver con el precio de nuestro vestuario. Ser elegante es mucho más que vestir bien y no cabe duda que la elegancia es una tarjeta de presentación que nos puede abrir muchas puertas.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que para ser elegante no debemos dejar de ser nosotras mismas. Puede que tengamos que pulir ciertos rasgos como la forma de caminar o de llevar el bolso, pero el vestuario que elijamos, el maquillaje y toda nuestra imagen debe llevar nuestra esencia. De otro modo, no podremos ser elegantes.

Pero el vestuario no lo es todo, ya que algo esencial a la hora de ser elegante son nuestros modales, la forma en la que nos comportamos con los demás. Cómo saludamos nos sentamos o hablamos dice mucho más de nosotras que aquello que podamos comunicar con palabras. Es también muy importante que integremos esos modales hasta que sean parte de nosotras mismas, para que no aparezcamos forzadas o como si lucháramos contra nosotras mismas.

Sonríe. No se trata de sonreír de forma bobalicona, sino de una sonrisa franca a la hora de decir las cosas. Comprobarás que de ese modo, además de dar un toque de distinción a tus palabras, lograrás una actitud mucho más positiva de todos aquellos con los que te relaciones.

Es necesario tener en cuenta que ser elegante no tiene nada que ver con ser pedante, lo que ocurre cuando actuamos como si “fuéramos” elegantes, sintiéndonos totalmente fuera de lugar. Tampoco consiste en vivir atados a normas férreas de protocolo de las que nunca podemos prescindir.

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