Cómo proteger tu piel del sol


Ahora que por fin se adivina la llegada del buen tiempo, nuestro cuerpo está deseoso de sol, de luz… de verano. Y no es para menos. Tras el duro invierno, lo que apetece es pasar todo el tiempo posible al aire libre. Pero, ¡cuidado! El sol es un tesoro, pero también puede llegar a ser muy peligroso.

Con un poco de color, la ropa nos sienta mejor y nuestro aspecto mejora considerablemente. Estás deseando ponerte morena y eso no es malo, siempre que observes ciertas precauciones. Si ya te contamos hace tiempo cuáles son los pasos para conseguir un bronceado uniforme, hoy te daré las claves para protegerte del sol.

Tomarlo con precaución


El cáncer de piel es uno de los más frecuentes entre la población española (aumenta un 4% cada año) y en esto el sol tiene mucho que ver. No se trata de ser alarmista, ni de encerrarse en casa. Se trata de aprender a cuidarnos (y a cuidar a los nuestros) de los perjuicios que pueden tener las radiaciones solares.

Para empezar, diremos que es importante vigilar nuestro cuerpo, ya que en él encontraremos el primer indicio de que algo no va bien. Cualquier lesión (ya sea un lunar, peca, grano o cicatriz) que cambie de aspecto o de color debe ser controlada por el dermatólogo.

Consejos para sacar todo lo bueno del sol

Médicos y expertos no se cansan de repetirlo: hay que evitar exponerse al sol en las horas del día con mayor irradiación (desde las 12.00 del mediodía hasta las 16.00 de la tarde, como mínimo). Tomar en serio esta recomendación es lo mejor que podemos hacer para prevenir el cáncer de piel. Además, debemos utilizar todo aquello que nos proteja: fotoprotectores solares, gafas de sol (incluso para los niños), sombreros y ropa adecuada, etc.

Por otra parte, los expertos hablan de los beneficios de la llamada dieta solar, que consiste en incorporar a nuestra alimentación aquellos alimentos o complejos vitamínicos que pueden disminuir los efectos negativos del sol. Se trata, sobre todo, de alimentos ricos en agentes antioxidantes, muy abundantes en la dieta mediterránea, que reparan el daño celular: carotenos, ácidos grasos insaturados (en algunos pescados), los polifenoles del té verde, el resveratrol (presente en las uvas y el vino tinto), etc.

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