Diferencias entre bases y correctores


Es cierto que bases y correctores hacen el mismo trabajo intentado ocultar algunas marcas antiestéticas. Pero, si te fijas, tiene que haber alguna razón por la que se realizan dos productos distintos. ¿Cómo saber exactamente por qué un corrector es diferente a una base de maquillaje? Es muy común el uso de una base para ocultar los defectos, pero esa no es la función principal de una base, y es ahí donde surge la diferencia.

Una base se utiliza para emparejar el tono de la piel. Es muy común tener un tono de piel que varié, incluso en la cara. Por lo tanto, una buena base, como su nombre indica, permite que el tono de nuestra piel sea el mismo por todas partes. Un corrector es algo que, como su nombre indica, se utiliza principalmente para disimular las manchas y cicatrices. Así que ¿por qué buscar un corrector si la base hace el trabajo?

Bueno, realmente no hay necesidad de utilizar un corrector si la base que se utiliza tiene el efecto de ocultar las marcas y las manchas. Pero si no lo hace, puedes utilizar correctores para solucionarlo. Recuerda que un corrector se usa sólo en un área específica que deseas ocultar. Los correctores generalmente suelen ser líquidos.

Si no vas a usar un maquillaje elaborado y sólo deseas ocultar algún pequeño defecto, puedes evitar ponerte la base y sólo utilizar el correcto. Los correctores suelen ser más densos que las bases por lo que si utilizas un corrector para igualar el tono de tu piel, la sensación que producirá será un poco extraña y visualmente no quedará nada bien.

Tipos de correctores


La aplicación de un buen corrector es fundamental para lograr un maquillaje perfecto, por eso en este artículo analizaremos qué tipos de correctores existen y para qué se utilizan:

Blanco: este color se suele emplear para crear un aspecto suave y claro sobre la piel. De esta manera podremos aclarar un poco nuestro cutis sin necesidad de tener que recurrir a bajar el color de nuestra base de maquillaje, lo que sería muchísimo más evidente. También puede hacer las veces de iluminador aplicado en el área de los ojos.

Rosa: ideal para dar un aspecto saludable a aquellos rostros más apagados. Sin llegar a ser un colorete confiere a nuestra piel un color afrutado que denota salud y belleza. Muchas marcas los presentan en varias tonalidades: rosado para las pieles más cetrinas y anaranjado para los cutis más bronceados. Al igual que el blanco, puede ser un perfecto iluminador.

Verde: es uno de los más conocidos y socorridos y se emplea para disimular rojeces, granos y algunas cicatrices leves. Aunque pueda parecer un poco extremo el color, bien difuminado cumple la labor de dejar nuestro rostro libre de marcas rojas. Eso sí, hay que ser muy cuidadosos con su aplicación.

Azul: este suele pasar desapercibido en el mundo de la cosmética, pero muchos maquilladores lo aconsejan para aquellas pieles más oscuras puesto que las tonalidades azuladas ayudan a unificar los tonos y crear un aspecto más uniforme.

Malva: tampoco se encuentra entre los ‘best sellers’, pero es capaz de dar un toque de vida y frescor a nuestro rostro, sobre todo cuando las ojeras y la falta de sueño nos hacen parecer agotados estéticamente.

Antibrillos: suelen ser transparentes y muy útiles para el maquillaje de noche y para las pieles más grasas.

Antiojeras: el color de estos variará dependiendo del tono de nuestra piel. Puesto que esta zona suele presentarse más oscura, deberemos utilizar uno del mismo color que el resto de nuestro rostro.

No olvides que los correctores deben aplicarse siempre bajo el fondo de maquillaje para un efecto más natural.